Chipre, al frente de Europa

Publicado en El Periódico de Catalunya 1 – 2

“Una ciudad dividida es como una persona a quien le falta un brazo. Hay circunstancias que te afectan mentalmente. Te sientes ahogado”. Lellos Demetriades conoce muy bien esa sensación de sofoco de la que habla. Fue durante 30 años, hasta el 2001, el alcalde de Nicosia, la capital dividida de la República de Chipre, que, desde el 1 de julio, asumirá la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea.

Desde su despacho se divisan casas derruidas, bidones de arena y alambre de púas, que conforman un sucedáneo de trinchera que interrumpe bruscamente las tranquilas callejuelas de la ciudad vieja. Un corte neto que desde agosto del 1974 parte en dos esta isla casi tres veces más grande que Mallorca, incrustada delante de las costas turca y siria.

Aquel verano Turquía respondió a un intento de golpe de estado financiado por Grecia con una invasión militar de la isla. El conflicto acabó con más de 4.000 muertos en ambos bandos, casi 2.000 desaparecidos y centenares de miles de desplazados. Y, sobre todo, terminó con la secular convivencia entre las comunidades grecochipriota y turcochipriota. Desde entonces, la mayor parte de su extensión está administrada por la República de Chipre, miembro de la UE desde 2004, donde reside el 80% de la población, de origen griego. Por el otro, la República Turca de Chipre Norte, reconocida solo por Turquía, ocupa un tercio de su territorio.

A lo largo de los 180 kilómetros de frontera que dividen los dos países, viejas garitas destartaladas y oscuros torreones recuerdan que ésta es una de las fronteras más militarizadas del mundo. Unos 12.000 soldados de la Guardia Nacional grecochipriota controlan la parte sur. Enfrente, más de 40.000 militares del contingente turco hacen lo propio con la frontera norte. En medio se extiende una estrecha lengua de tierra de nadie donde solo el color de los Cascos Azules interrumpe la monotonía del paisaje. La misión UNFICYP, un millar de soldados desplegados a lo largo de la línea de alto el fuego, se renueva cada seis meses desde hace 48 años.

Hasta 2003 cruzar la frontera era asunto exclusivo de espías, turistas y gente en busca de negocios fáciles, mientras que para los habitantes de la isla estaba prácticamente prohibido. En los últimos años, en cambio, se han abierto seis puestos de control más; sin embargo, al día de hoy un tercio de la población de ambos lados no ha cruzado nunca la frontera, y la mayoría de los que sí lo han hecho ha sido solo una o dos veces.

Las negociaciones entre políticos grecochipriotas y representantes del norte han sido constantes, y constantemente han fracasado. Aún queda en el recuerdo cuando, en los 80, en una pausa de encuentros bilaterales, un general de la RTCN pidió un café turco. Su homólogo grecochipriota le contestó que no, que solo tenían café griego. Los acuerdos saltaron por los aires.

Pasó lo mismo en 2004, cuando el 65% de los turcochipriotas votaron al referéndum al Plan Annan, que proponía la creación de una república federal bi-comunal y bi-zonal impulsada por el ex secretario de la ONU. Sin embargo, era necesario que ambas comunidades lo aprobaran, y los grecochipriotas votaron masivamente por el no.

Hay tres escollos en los que siempre han chocado las negociaciones. El primero es el estatus de los inmigrantes turcos que se han desplazado a la parte norte en los últimos 40 años. El segundo concierne a las condiciones de la reducción de la presencia militar en la isla. Y, finalmente, la compensación por las propiedades que los desplazados poseían al otro lado de la isla.

Hasta hace poco otro asunto impedía la reconciliación de las dos comunidades: los 494 turcochipriotas y 1.464 grecochipriotas desaparecidos durante los conflictos étnicos. Las autoridades siempre se habían negado a dar detalles sobre su paradero, si bien estaban al corriente de las fosas comunes. Finalmente, en 2007, se activó el Committée on Missing Persons (CMP), la única entidad bi-comunal de la isla, que se encarga de llevar adelante todas las fases del proceso de identificación de los cuerpos. Hasta ahora, ha logrado restablecer la identidad a los restos de 316 personas, que ya han sido devueltos a sus familias.

“El problema de los desaparecidos es el único en el que las dos comunidades están de acuerdo”, dice Oleg Egorov, de la Comisión de la ONU para Chipre. “En los otros asuntos la desconfianza mutua es enorme. En esto se unen porque quieren, no porque alguien les obligue. De todas maneras -concluye-, compartir el dolor es importante, pero no suficiente”.

El 21 de abril pasado el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, anunció el fracaso de la última conferencia para solucionar el problema de la isla. Por su parte, Turquía ha anunciado que congelará las relaciones con Europa mientras Nicosia sea su capital de turno.

Lellos Demetriades está sentado en su enorme escritorio y observa su ciudad por los ventanales. “No creo que hay ciudades divididas para siempre”. Y añade: “El hombre es un animal social y este lugar es demasiado pequeño para tener dos capitales”.

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